• Ángel Sánchez

Japón y Tokio, la consecuencia de los Juegos Olímpicos



Desde hace un año que se tomó la decisión de posponer los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 debido a la crisis sanitaria a nivel global, el país asiático y el Comité Olímpico Internacional (COI, por sus siglas) tomaron la decisión de que estos fueran llevados a cabo en el verano del 2021, aún con las pérdidas económicas que esto implicó, así como la modificación en la planeación de los atletas, quienes tuvieron que entrenar un año más y posponer otras actividades como bodas, estudios, embarazos, entre otros.


A pesar de que gran parte de la población japonesa se oponía a la realización de los juegos olímpicos debido a la tercera ola de contagios por Covid-19, más las pérdidas económicas que estos dejarían, una vez que iniciaron las justas deportivas el pueblo japonés se enfocó en dar seguimiento a sus atletas, quienes consiguieron 57 medallas en total.


De hecho, a unos cuántos días de que se encendiera el fuego olímpico, tras la presión ejercida por un sector de la población, el Comité Olímpico Internacional y las autoridades japonesas analizaron la posibilidad de cancelar el desarrollo de las justas, pero las pérdidas económicas hubieran sido aún más catastróficas al tener que hacer una devolución por 4 mil millones de dólares solamente en derechos de transmisión, cifra traducida en el 73% de los ingresos totales del COI.


Como mencionamos en artículos anteriores, los Juegos Olímpicos se sabían perdedores desde que se pospusieron, debido a que tuvieron que desarrollarse sin público, por lo cual el boletaje de las gradas no fue vendido y en algunos casos tuvieron que llevar a cabo una devolución a quienes habían comprado con anticipación; las cifras de los reembolsos fueron superiores a medio millón para los Juegos Olímpicos y más de 300 mil para los Paralímpicos, según el informe del director del Comité Organizador de Tokio (TOCOG, por sus siglas en inglés, Toshiro Muto. Asimismo, se tuvieron que hacer cancelaciones en reservaciones de hoteles y en boletos de avión, lo que causó severas pérdidas económicas.


Por otra parte, el país había puesto mucha esperanza en que estos juegos fueran desarrollados con niveles altísimos de tecnología e innovación, pero tras las dificultades económicas tuvieron que decidirse por una realización más sencilla y discreta, cambiando la innovación por un toque más sentimentalista y nostálgico. Otra de las grandes afectaciones que tuvieron los Juegos Olímpicos -y también los Juegos Paralímpicos- fue que diversos patrocinadores tomaron la decisión de ya no continuar con el patrocinio. Por ejemplo, Toyota, uno de los patrocinios más grandes, anunció días antes de la inauguración que no utilizaría avisos comerciales conectados con la realización de las Olimpiadas, esto como consecuencia del aumento de casos por Covid-19 en el país nipón. De igual manera, algunos empresarios decidieron ya no patrocinar los juegos Olímpicos por considerarlos demasiados costosos, como es el caso de Takeshi Niinami, el director ejecutivo de la empresa Suntury, quien también quitó el patrocinio.


Una de las repercusiones más grandes que dejaron estas Olimpiadas fue la construcción de un estadio exclusivo para el desarrollo de los partidos de futbol, con una capacidad para 60 mil espectadores, pero que no pudo albergar a ni uno. Este tuvo una inversión de alrededor de mil 300 millones de dólares y se le implementó tecnología de última generación para que las condiciones climáticas no afectaran a jugadores, ni a la estructura, debido a las altas temperaturas del verano en Tokio.


A lo largo de los años, distintos especialistas económicos y deportivos han hecho análisis de por qué los Juegos Olímpicos son un mal negocio y Tokio 2020 no fue la excepción, pues para llevar a cabo la realización de las olimpiadas, Japón hizo una inversión por 15 mil 400 millones de dólares. En cambio, el presupuesto inicial era de aproximadamente 10 mil 839 millones de dólares, teniendo así un incremento del 42% desde el 2013, de acuerdo con la investigación de mercado realizada por la agencia estadounidense de noticias AP. Sin embargo, diversas auditorías en el país asiático arrojaron que el costo real es de al menos 25 mil millones de dólares. De acuerdo con diversas autoridades japonesas, 6 mil millones de dólares provinieron de fondos privados, divididos en distintas empresas.


El análisis demuestra que las Olimpiadas son un mal negocio debido a que se invierten muchos millones en infraestructura que después se convierte en inservible y que podría considerarse como desechable, pues únicamente se ocupa durante la realización de las justas deportivas. Ejemplo de esto es lo que ocurrió con las construcciones que se llevaron a cabo para Río de Janeiro 2016, donde se gastaron aproximadamente 4 mil 600 millones de dólares – de acuerdo con información de La Vanguardia-, las cuales, tras el término de los Juegos Paralímpicos, quedaron en completo abandono y hoy en día lucen descuidadas, otras tantas despojadas por los mismos habitantes y algunas hasta desmoronándose.

De acuerdo con la investigación de mercado realizada por El País, el coste final de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se disparó a 12 mil 712 millones de euros, como consecuencia de las múltiples cancelaciones, reembolsos, pérdidas de patrocinios, entre otros. Sin embargo, durante las siguientes semanas se llevarán a cabo auditorías para dictaminar el coste total real que dejó la realización de los olímpicos, cifra que podría rondar los 23 mil millones de euros.


A unas cuantas semanas de la finalización de Tokio 2020, las repercusiones siguen -y seguirán- en el país, debido a que la pandemia por Covid-19 sigue azotando fuertemente al país nipón y a la capital. De esta manera, unos Juegos Olímpicos que se esperaban sumamente impactantes por el nivel de tecnología que se había planeado desde que en el 2013 se asignó a Tokio como la sede del 2020, terminaron por llevarse a cabo más mesuradamente y con un toque más nostálgico, pero que sin suda alguna le saldrá muy caro a Japón poder recuperarse de la edición número 28 de la Olimpiadas, la más costosa de la historia.

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